En junio de 2017 me llevé sin permiso una enciclopedia de la
biblioteca pública de Shanghái. Era un compendio ilustrado, y magnífico, sobre
tradiciones estéticas chinas, en el que no quedaba campo de las artes populares
sin cubrir: teatro, danza y ópera, paisajismo, arquitectura y mobiliario,
peinados e indumentaria, o juguetes y diseño gráfico. Entendemos el mundo a
medida que somos capaces de nombrarlo y representárnoslo a nosotros mismos.
Aunque era incapaz de leer el texto del libro, pude navegar a través del
muestrario gracias a sus imágenes, que copié a mano en papeles de colores a
modo de estudio. El resultado es un archivo de 555 dibujos con el que he
intentado insertar en mi imaginario la historia de una cultura tan distante de
la propia.
Nota: Después de vivir dos años en Shanghái, devolví la
enciclopedia a su sitio.